En la calle Nuestra Señora de Valverde se construyeron hace dos décadas un conjunto de escuelas para dar clase a los adultos. Tomemos como referencia estos edificios y la colonia de Fuencasa para detenernos justo en el medio y buscar con la mirada una vieja acacia que aguanta la polución estoicamente. Cuatro ramas, repletas de hojas verdes, delatan su color de primavera. A sus pies, un monumento desproporcionado que se esconde de no se sabe qué cosas. Se trata de una cruz de granito con una inscripción dedicada a los héroes madrileños del año 1808. A las puertas de la ermita hay una tapia de ladrillo enfoscada con cemento y arena. Enseguida nos llama la atención la puerta metálica que abre una rejilla en cada hoja para que podamos contemplar la figura del Cristo. Cuatro velones encendidos iluminan una estancia oscura como las noches sin luna, dificultando la mirada indiscreta que busca los secretos. Por fuera todo es cemento, con tonos suaves para no ser pretenciosos. El arco de la puerta es de estilo ojival, con gustos arábigos que rompen la monotonía. El tejado, vertiendo a cuatro aguas, se remata en diminuta cruz donde los gorriones juegan a enamorarse con revoloteos. En su interior una imagen del Cristo del Humilladero que le dio nombre.
Era el lugar donde se veneró al Cristo de la Vera-Cruz. Su situación, junto al antiguo camino de Francia permite identificarla con la que describe Pío Baroja en su libro “Camino de Perfección”.
“A las nueve estaba Osorio en Fuencarral. En la entrada del pueblo, a la derecha, hay una ermita blanca, acabada de blanquear, con la puerta de azul rabioso, cúpula de pizarra y un tinglado de hierro para las campanas”
San Roque tiene ermitaño: Francisco Lebrato Mejía. La ermita se alza en un cerro un tanto alejado para que nadie se pierda. Muy cerca pasaba la maquinilla que salía desde los Cuatro Caminos en dirección a Colmenar Viejo. La cal de sus muros se torna grisácea de año en año, tan grisácea como las piedras de granito que soportan el peso de cuatro lienzos de ladrillo. El artesonado del techo se conserva como antaño, trenzando dibujos que llevan la vista hasta el centro del altar, donde se guarda la imagen de San Roque. Hay además un pequeño icono que no tiene nombre y las figuras de San Joaquín y Santa Ana, procedentes de la ermita que se levantó en el cementerio desaparecido. Todavía se celebra la fiesta del Santo el 16 de agosto. La hornacina de San Roque se adorna con exvotos que recuerdan los milagros a favor de los vecinos. Se cuentan mil y una historias de los favores que el santo prestó a quienes le veneraron, haciendo leyenda de la verdad.
La ermita se construyó en terrenos de la familia Montes. Una descripción del s.XIX, hecha por Benavente y Barquín dice que “Se levantó hace muchos años, en terrenos y por cuenta de la familia del Sr. Montes, la cual costeaba la misa todos los domingos, siempre que hubiera sacerdote que la dijese”. También habla de la función del santo que se trasladaba a la parroquia los días de la novena y “la vuelven el día del santo, por la mañana, a la ermita, donde se celebra la fiesta. Romería con bailes, arcos, fuegos artificiales…”
| Ir a página: | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 |