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FIESTAS DE FUENCARRAL EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE VALVERDE

Fiestas 2012

 

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Primitivo altar con el retablo
de columnas salomónicas

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Aparición de la Virgen a
los pastores

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Homenaje a la Virgen de Valverde

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EDIFICIOS EMBLEMÁTICOS Y SU HISTORIA

 

ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE VALVERDE

POR QUÉ Y COMO SE CONSTRUYÓ LA ERMITA

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Ermita de Nuestra Señora de Valerde

En el antiguo camino de Francia se levanta el convento de Valverde, bello y majestuoso edificio que desde la lejanía sugiere historias de tiempos pretéritos. Valverde se aísla de las industrias para conservar sus encantos bajo ladrillos desgastados. Ermitaños, monjes y soldados velaron armas, forjaron sueños y rezaron a la Virgen.

Cuentan los historiadores que Nuestra Señora de Valverde era ya venerada antes de la invasión árabe, ocurrida en el año 712.

La leyenda fecha la aparición de Nuestra Señora de Valverde el 25 de abril de 1242. Es evidente que durante la invasión musulmana sufrieron saqueo los templos cristianos, por lo que debió ser común que los habitantes de las zonas conquistadas ocultaran los símbolos sagrados de su religión. Con respecto a la Virgen de Valverde se apuntan varias hipótesis que no ha sido posible confirmar por la escasez de documentos de la época. Puede que fuera ocultada mientras se enfrentaban los ejércitos segoviano y madrileño, en tiempos de Fernando III el Santo. O que los vecinos del lugar donde se alzaba la supuesta ermita pusieran a buen recaudo la escultura para evitar sacrilegios.

Todo esto se conoce a través del “Codice”; que fue a su vez copiado de otro anterior en 1798, tal y como señala en su prólogo. En él se recoge la historia de cómo se aparece, como se marcha por la noche, se decide hacer la ermita, no hay agua y el milagro del pozo.

A las afueras de Fuencarral, en el sitio llamado Cuesta del Cuervo, acostumbraban los pastores a reunirse para charlar de sus asuntos en la confianza de que los perros vigilaban atentamente los rebaños. Transcurría la mañana entre el sosiego y el aburrimiento, entreteniendo los minutos con zatos y queso de oveja, manjar preciado por los pastores. El 25 de abril amaneció teñido de azul y las piedras brillaban más que de costumbre. Debió ser al mediodía cuando un halo envolvió las retamas de la Cuesta del Cuervo, provocando un resplandor que alarmó a los pastores. De pronto, la Virgen surgió de la nada y deslumbró a los presentes. Ladraron los canes, revolotearon los pájaros y los hombres se arrodillaron para recuperar el aliento. Un pastor se aproximó a la Virgen y dio fe de que no era un sueño. Corrieron en busca de los vecinos para que todo el mundo fuese testigo de la aparición. Las campanas de la iglesia avisaron a las gentes y en instantes se decidió acudir en peregrinación hacia el lugar indicado. Cuando llegaron al punto exacto, la imagen de la Virgen se mostraba en todo su esplendor, gesto que fue interpretado como un deseo de agradar a los vecinos. Se celebró así, por primera vez, el homenaje del pueblo a la Virgen de Valverde, llevándola a hombros hasta la iglesia.

Varios días después una voz anónima dio la voz de alarma. La Virgen había desaparecido de la iglesia y la primera sospecha fue pensar en el hurto. Se armaron los hombres y salieron en busca de los ladrones. Y en la Cuesta del Cuervo la hallaron de nuevo, junto al mismo pozo donde había sido escondida por el buen cristiano. Regresó la Virgen a la iglesia custodiada por los vecinos y establecieron turnos de vigilancia. Esta vez la imagen desapareció sin que nadie hubiera entrado al templo, ya que en todo momento permaneció a la vista de los fieles. Dicen que al alba caminó hasta la retama donde se había aparecido y se apostó en el lugar rodeada de una nube. Entonces entendieron los habitantes que aquel punto era el escogido como morada y se aprestaron a elevar un altar que al poco tiempo fue transformado en ermita.

Las primeras noticias acerca de la construcción de la ermita se refieren al momento de la aparición de la Virgen. Se cuenta que por entonces hizo el primer milagro al conseguir agua para las obras en el lugar donde fue encontrada la imagen. Durante el tiempo que duró la construcción no dejó de brotar agua del pozo, pero al finalizar los trabajos quedó tan seco como al principio.

LA LOA

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En 1742 se celebró el quinto centenario de la aparición de la Virgen. Durante once días los vecinos de Fuencarral y alrededores honraron a su patrona, organizando procesiones, adornando el santuario y cumpliendo con los preceptos religiosos. En homenaje a la Virgen de Valverde se representa la loa en el santuario. La celebración tiene lugar cada cinco años y alude a la lucha entre moros y cristianos en el reino de Granada, tras la sublevación de un grupo de moriscos en Las Alpujarras, capitaneados por Abén Humeya. Entre 1568 y 1571 las tropas del Marqués de Mondéjar y de don Juan de Austria lucharon por sofocar la revuelta, consiguiendo finalmente su propósito. La obra, de autor desconocido, se compone de dos partes, en la que intervienen dieciséis personajes. Verso a verso, entre danzas y diálogos, se explica la reconquista de las Alpujarras finalizando con la súplica de despedida a la Virgen. Los personajes de la primera parte son: Botarga, Alcalde, Abanderado moro, Abanderado cristiano, Mayoral, Zagal, Zagalillo y Zagala. Los personajes de la segunda parte son: Abén Humeya, Malec, Cegrí, Zelin, Don Juan de Austria, Marqués de Mondéjar, Don Alonso de Granada y Don Luis Fajardo.

LA IMAGEN DE LA VIRGEN

En cuanto a la imagen de la Virgen, una talla de madera de todo un bloque “… tiene de alto como tres cuartas y está sentada sobre un asiento, que ni es silla ni parece ser más que un trozo de madera labrado; y, registrado con cuidado, se conjetura que el artífice labró la imagen, asiento y peana sólo de una pieza y ésta (la peana) tiene de alto poco más de un dedo, haciendo figura orbicular y en ella aparece escrito alrededor, con caracteres bien antiguos, que con dificultad se leen: O MATER DEI, MEMENTO MEI (Madre Dios, acuérdate de mi). La fisonomía del rostro de esta divina Señora es en el todo más largo que redondo. La frente grande; los ojos azules y de color de cielo y no muy grandes; la nariz aguileña; la boca pequeña y cerrada; la barba proporcionada. Está adornada con toca de talla y debajo de ella se descubre algo de cabello y encima sobresale un poco de madera quebrada. Lo que da a entender que tuvo corona (diadema) de la misma talla. El cuerpo está vestido de una túnica sin manto; no se la descubre pie alguno; los brazos, proporcionados; las manos largas, especialmente los dedos; en la mano derecha, que la tienen hacia arriba, mantiene una manzanita y en la izquierda está colocado el Niño, el que asimismo es de talla, de la misma materia que la Madre; tienen de alto como cinco dedos, vestidos de túnica de talla, toda ella de color encarnados, algo deslustrado por la antigüedad. No se sabe que tenía en las manos, porque está sin ellas. Ocurrido por algún accidente que se ignora y aún de los pies faltan las extremidades. Esta como sentado sobre la mano izquierda de nuestra Señora, aunque ésta (mano izquierda) no se registra”

Esta descripción es de sumo interés, ya que esta talla original ha desaparecido. Otro detalle es que menciona que no se sabe de que madera se hizo, pero con una muestra extraída por Fita, se le comunicó que era de chopo álamo y álamo negro, especie sumamente común en toda España.

En cuanto a la altura de esta talla parece ser de 40 cm, según se deduce de la descripción.

 

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