La devoción a la Virgen en la imagen de Valverde creció de año en año de tal modo que el Concejo de Fuencarral se vio cada vez más urgido a tomar decisiones en serio. Como él no tenía posibilidades económicas, pensó en entregar su ermita de Valverde al Rey en Patronato, para que él solucionara su problema. Si el Rey lo aceptaba, podría, a su vez, derivar su Patronato a persona o familia que se encargara de hacer las edificaciones y reformas precisas y llamar a una comunidad religiosa. Siempre esta solución daría mayor estabilidad y servicio al templo, y a los fieles que acudieran a él, porque las atenciones de un ermitaño, por necesidad, tenían que ser mucho más limitadas.
Después de muchas deliberaciones, el 27 de agosto de 1595 envió el Concejo al Rey, que era Felipe II, la petición de que aceptara su Patronato Real a la Virgen de Valverde con su ermita y posesiones. Fue firmada por cuarenta y tres vecinos, cuyos nombres se especifican en la carta. El Rey aceptó el Patronato y con él la facultad de traspasar el patronato a otra persona que cumpliera los deseos del pueblo de Fuencarral. La fecha de la aceptación es la de 15 de noviembre de 1595.
Probablemente la posibilidad de pasar el derecho de Patronato a otra persona estaba ya hablada y determinada con Don Juan Ruiz de Velasco, que se hallaba directamente al servicio del Rey en la secretaría, pues las negociaciones para ello fueron demasiado aprisa para pensar de otro modo. La fecha de primer día de un año es generalmente un tanto sospechosa de artificio. Esto ocurre con la del 1 de enero de 1596 en que don Juan Ruiz de Velasco pide al Rey la cesión de su patronato sobre la ermita de Valverde. El 20 de enero lo cedió el rey al peticionario, y no sólo de lo existente, sino del “monasterio que allí han de hacer fundar y edificar”.
Y la licencia para la fundación nueva se obtuvo del Cardenal- arzobispo de Toledo, Archiduque Alberto, con fecha de 17 de diciembre de 1597 para fundar en Valverde “ un monasterio de frailes Recoletos de la Orden de Santo Domingo, bajo la advocación de Jesús y María”. La ermita y el monasterio en ciernes fueron entregados por Ruiz de Velasco el 30 de abril de 1598 por escritura que contenía la dotación, condiciones y deberes tanto por parte de los Patronos como por parte de los religiosos. Fue aceptada y firmada por los Padres Alonso Nieto y Diego de Alderete. Priores de Atocha y de Santo Tomás de Madrid, respectivamente Tenían por ello la debida delegación del Provincial P. Juan de Villafranca.
Ruiz de Velasco, y sus hijos, como tantos patronos y fundadores, poseían más voluntad que dinero. Por esta razón se vieron precisados los religiosos a proseguirlas con el paso de los años, a lo que se sumaron las aportaciones de los devotos de la Virgen. De este modo se daba cumplimiento a los deseos y voluntad del pueblo de Fuencarral, que era tener una comunidad que cuidara de su Virgen. Inicialmente se calcularon doce celdas para otros tantos padres y las correspondientes a Hermanos legos y Donados pero eran necesarios más locales: cocina, refectorio, sala de calefactorio que venía ser como el cuarto de estar, biblioteca, etc. Añádanse los espacios dedicados a los servicios, como lagar, horno de pan, cuadra para las caballerías, panera, etc., porque los conventos compraban y encargaban poco fuera de sus muros y se lo procuraban todo ellos mismos.
Cabe destacar la palabra “Recoletos”, que se incluye en las cartas y escrituras, la palabra no indica que hubiera dos clases de dominicos, pues la Orden nunca ha estado dividida, sino que significa, dominicos que, reunidos en una comunidad, llevaban una más estricta observancia que de los demás conventos de la Provincia. Efectivamente, la comunidad de Jesús María de Valverde, desde los primeros años de su fundación hasta su supresión en 1836, tuvo siempre fama por el rigor con que se llevaba la vida conventual. A pesar de todo, porque en la vida hay sus más y sus menos, en altos y sus bajos, el convento de Fuencarral cedió un poco en su observancia en el último tercio del s. XVII. Pronto, sin embargo, recuperó el ritmo de su vida espiritual de observancia, debido a la directa intervención del P. Pedro de Ayala después Obispo de Ávila y Nuncio apostólico, y del Hermano lego Juan Gallego. Ellos, apoyados por el Provincial y por la Provincia, tramitaron lo necesario para instaurar la antigua observancia, obteniendo del General de la Orden, P. Agustín Pipía, las letras no sólo permitiendo sino imponiéndola, trasladando del convento a cualesquier religiosos que no abrazaran el estricto rigor de su constituciones. Lo cual no fue preciso.
Junto con la familia Ruiz de Velasco, se ha de recordar la de los Marqueses de Murillo, quienes estaban muy conexionados con el P.Pedro de Ayala, por ser su confesor. El afecto pasó después a la comunidad ya reformada. A los Marqueses de Murillo se debe la ampliación de la iglesia y la construcción de lagunas dependencias del convento. Esto nos lo dice la misma iglesia que tienen en su frontis la fecha 1720. Las obras siguieron hasta 1745.
El convento quedó muy transformado con la llegada de las tropas de Napoleón, y la ley de “Bienes Nacionales” de José I en 1809, puesto en venta y comprado por Federico Crossat.
El lastimoso estado en que quedaron la iglesia y el convento obligó a los dominicos a vender algunas de sus propiedades para efectuar su reconstrucción. A ello acudió también la familia de los Hormaza. Sobre las aportaciones circunstanciales, fundaron cátedras de Moral y de Predicación para preparar misioneros populares y predicadores, por lo que se hizo célebre el convento de Jesús María de Valverde en el s. XIX.
Finalmente los frailes fueron exclaustrados durante el Trienio Constitucional (1820-1823). Privados de sus custodios, tanto la iglesia como el convento, comenzaron a resentirse, primero en partes ornamentales y después otras que afectaban más a la supervivencia de los edificios. Algunos se cayeron o hubo que tirarlos por ruinosos hay otros que debieron ser restaurados. La iglesia, por haber pasado al patrimonio de la diócesis, se ha conservado mejor y las edificaciones conventuales han sido utilizadas a temporadas de años por algunas congregaciones religiosas.
Gracias a la devoción del pueblo y a la Cofradía de Nuestra Señora de Valverde, se mantiene muy viva la devoción a la Virgen.
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