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FIESTAS DE FUENCARRAL EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE VALVERDE

Fiestas 2011

 

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Fuente del Saceral
en la actualidad

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La fábrica de Juan del Pozo en Nuestra Señora de Valverde en la actualidad

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Estación de Valverde,
julio de 1908

Historia de Fuencarral

 

Sabemos también que a sus cultivos de granos: trigo, cebada y centeno, se añaden otros nuevos como la avena, las leguminosas (guisantes, garbanzos, algarrobas) y con gran éxito los nabos y la vid, cuya calidad alaba Ponz en una de sus cartas: “…las viñas de Fuencarral y Alcobendas, famosas por el exquisito vino moscatel que de sus uvas se hace, comparable a los mejores licores que conocemos. De los nabos de Fuencarral no es necesario hablar, pues todos saben que no las hay de mejor sabor”. Y es que debían de ser tan conocidos que Don Leandro Moratín usó el tema para satirizar a los enemigos de su protector Cabarrús en la desconocida “Carta sobre el comercio de los nabos de Fuencarral”. Pero hay que incluir en la producción la miel, y con gran importancia los huevos.

Larruga, en sus memorias, políticas y económicas sobre frutas, comercio, fábricas y minas de España de 1788, dice que Fuencarral es el primer productor de vino moscatel de la provincia.

En cuanto al comercio, en general, toda la producción agrícola quedaba destinada al abastecimiento de la capital. Se conoce todo esto por que hay diferentes cartas, una de un hidalgo del pueblo, al que para bien o para mal apodaban “Ricote”, que declara que ya desde 1720 más o menos su familia detenta la exclusiva de venta con Madrid de forma hereditaria, apoyado además por los alcaldes. Pero todo cambia al llegar otro hidalgo, también hijo del pueblo que venía de combatir en las guerras de Italia; y que fue nombrado alcalde. Es este último quien, en 1750, intenta que se imponga el libre trato, aunque en un primero momento, por presión del escribano y del Ayuntamiento se ve obligado a admitir dicho monopolio, pero luego consigue el libre trato con El Pardo, Chamartín y otros pueblos inmediatos.

Más tarde consigue que todos puedan vender huevos, nabos, verduras,… pero no lo autorizó de forma totalitaria, sino que sólo fuesen doce vecinos a Madrid con frutas y además legisló el número de jumentos que debían cargar; los condicionó a elaborar un memorial del asunto y presentarlo en el Ayuntamiento. Quedó todo reglamentado, incluidos los horarios en que debían de partir y volver, diciendo que, de este modo, se evitaba que se estropeasen los productos con los avatares del clima.

No obstante se pleitea y el nuevo escribano debe poner paz y nuevo reglamento, es decir; si se vuelve al monopolio o continúan los doce encargados que se niegan a dejar su actividad.

Pero como todos estos datos e informaciones se recogen de una carta a un abogado que hace el tal “Ricote”, no se puede saber en que acabó todo ello, pues no existe respuesta.
Pero si este comercio debiera denotar cierto esplendor económico, no se percibe, muestra de ellos son las palabras de Ponz: “muy poco que decir en nuestro asunto de artes dentro de su iglesia ni en la del cercano santuario de Valverde”. Y la misma impresión se deduce de la “relación de Lorenzana (26-I-1780)”, donde no se menciona ningún edificio destacado.

Ya en el s.XIX se constata cierto progreso. Se incrementa el área cultivada hasta alcanzar 4.744 ha. De las que un 33% se dedica a viñedo para la producción de vino moscatel que alabó Madoz en 1847. También se incrementa la tierra dedicada a regadío (habas, guisantes, melones y los famosos nabos), y aparecen nuevos cultivos como el olivo y la higuera, aunque en poca extensión.

Fruto, o derivada, de la agricultura se desarrolla una incipiente industria. Ya se venía produciendo esta actividad desde el s. XVIII y de época de Carlos III cuando se estableció una “Fábrica de jabón”. Madoz, en 1847, cita tres fábricas de jabón duro con sus correspondientes almacenes de aceite y un molino de chocolate. En 1912 son cinco las fábricas de jabón, tres de vasijas, una de glicerina y otra de grasa.

Con toda esta expansión económica se produce una igual expansión demográfica, sobre todo constatada entre los años 1820 y 1830 con 1.890 habitantes según Madoz en el año 1947; que pasa en 1897 a 2.854, lo cuál provoca de inmediato una falta de viviendas. Esto se deduce de los datos que nos ofrece Benavente y Barquín en 1891: Hay “… carencia de viviendas espaciosas y ventiladas, pues hace bastantes años que no se edifican nuevas casas, al paso que los antiguos moradores, resultando de aquí aglomeración de familias en cuartos pequeños y poco ventilados. En algunos, aunque pocas, se ven obligadas a usar las mismas dependencias animales y personas”. Esta situación se agrava más por la falta de servicios públicos, es decir, alcantarillado, lavaderos –“se lava en pequeñas charcas y su agua no se renueva más que una vez por día”-. Por tanto el mayor problema del s.XVI de Fuencarral (el de la falta de agua) sigue siendo a fines del s.XIX el de más urgente solución. Y se cita que no hay ninguna fuente dentro de la población y que los vecinos deben de “acudir al SACERAL que es antiquísima y la mejor de las inmediatas” (situada a 2 Km al oeste de Fuencarral, en el camino de El Pardo).

En el año 1883 aproximadamente, es cuando aparece un contrato con un particular que se compromete a construir la fuente y ejecutar las obras necesarias a cambio de ciertos privilegios o cesión de los terrenos, pero esta obra no se llevó a cabo.
En el año 1885, la Diputación Provincial trató de establecer el hospicio en las afueras de Madrid, el vecindario cedía gratuitamente los terrenos necesarios en el sitio que se conoce con el nombre de “Cuesta del Olivo”, cerca de la población, con la condición de que al ejecutar las obras y llevara las aguas al citado establecimiento dejaran una fuente en la población. Pero tampoco se llegó a realizarse.
En 1891, en vista de que todos los proyectos quedaban en negociaciones se mejora la fuente del “Saceral”, con dos caños, pues solo tenía uno, una plazoleta y las balsas de agua sobrante, se utiliza como lavadero.

Es Cantó, quien nos describe esta fuente “rodeada de frondosas alamedas, y cuyas aguas son muy apreciadas aquí”.

Durante el s.XX su industria inicia una carrera ascendente, un dato significativo de ello es que en 1940 existen doce fábricas de las cuales seis son de jabón (única industria importante en el s.XIX).

En 1910 el pueblo contaba con 3.102 habitantes, cifra que aumentó a 3.877 en el censo de 1920. Madrid se aproximó a la Plaza de Castilla con la construcción de Tetuán de las Victorias y el tranvía a Colmenar Viejo, que partía desde los Cuatro Caminos y contaba con estación en el pueblo. Entre tanto crecían las fábricas y proliferaban las verbenas.

El 20 de octubre de 1951 la villa de Fuencarral fue incorporada a la capital de España.

En la actualidad el distrito de Fuencarral-El Pardo posee una superficie de 24.345,20 hectáreas, el distrito más grande de Madrid. Sus 210.583 habitantes se distribuyen en los barrios de: El Pardo, Fuentelarreina, Peñagrande, El Pilar, La Paz, Valverde, Mirasierra y El Goloso.

 

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